lunes, 16 de mayo de 2011

El Zaragoza conserva la esperanza.

Las situaciones desesperadas descubren a los hombres resueltos. El Zaragoza tuvo la determinación que, hasta el batacazo con Osasuna, lo había dejado a la orilla de la permanencia. Frente a un Espanyol vacilante, cuyo ánimo fluctuó con la nebulosa europea al fondo, el Zaragoza puso más entereza y ánimo que fútbol, remató mucho pero mal, jugó con poco acierto pero le alcanzó para gritar el gol de Ponzio, futbolista que compendia el tipo de jugador preciso para encuentros como el de ayer. El Zaragoza está abajo pero esperanzado: debe ganar al Levante o empatar y que pierdan Getafe o Depor.

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